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La apendicitis es la inflamación del apéndice, un pequeño trocito de intestino en forma de gusano que está unido al intestino grueso en el lado derecho del abdomen. No tiene salida y no tiene función conocida.
Puede suceder a cualquier edad, pero la mayor parte de los casos se da entre los 8 y los 25 años. Raramente se ve en niños menores de 2 años. Entre los jóvenes, la apendicitis es probablemente la causa más frecuente de dolor abdominal y requiere intervención quirúrgica urgente.
Cuál es la causa
En la mayoría de los casos, la razón específica de la inflamación no se conoce, pero a veces la provocan pequeños trozos de heces duras (fecalitos) que se quedan «atrapados» en el apéndice.
Qué síntomas produce
Los síntomas pueden ser extremadamente variables, aunque se suelen presentar de la siguiente manera:
Normalmente, el primer signo es dolor o incomodidad en el centro del abdomen. Este dolor va y viene en oleadas y, a menudo, se cree que se trata simplemente de un malestar estomacal.
Después de unas horas, el dolor se vuelve más evidente y constante en la parte inferior derecha del abdomen. Aumenta con el movimiento o al toser. A menudo, el paciente pierde el apetito, se siente enfermo y vomita. La temperatura aumenta y el cutis se vuelve más pálido. Se produce halitosis, es decir, el aliento huele muy mal.
Pasado un tiempo (habitualmente horas o días), el paciente se siente empeorar, la temperatura aumenta, el dolor se extiende al resto del abdomen, que se pone duro, y si no se opera al paciente, se pueden producir graves complicaciones (perforación y peritonitis).
Cómo se diagnostica
El médico elabora un historial médico, explora al paciente y le toma la temperatura. En la exploración se presta especial atención a la palpación en el lado inferior derecho del abdomen y a la aparición de dolor al dejar de apretar. En ocasiones, se requiere una exploración por el recto (tacto rectal) o por la vagina para excluir otras causas de dolor en la pelvis.
Se realizan análisis de sangre y orina, buscando una infección, y se pueden solicitar ecografías o escáneres abdominales que ayuden al diagnóstico. La indicación de la intervención se establece según la exploración del médico y el resultado de las pruebas realizadas. Normalmente se encuentra que la causa del dolor no es la apendicitis en dos de cada diez pacientes que se operan con este diagnóstico.
Cómo se trata
Salvo escasas excepciones, el tratamiento de la apendicitis consiste en la extirpación del apéndice (apendicectomía). Para ello, se anestesia completamente al paciente y se realiza una pequeña incisión oblicua en la parte inferior derecha del abdomen. En ocasiones, es preciso colocar un drenaje en el abdomen que facilite la salida de restos durante el postoperatorio.
Cada vez es más frecuente la intervención por vía laparoscópica. La extirpación del apéndice se realiza utilizando unos pequeños orificios (habitualmente tres) que permiten la introducción en el abdomen de un sistema de vídeo y los instrumentos precisos.
Si la intervención se lleva a cabo mediante cirugía convencional, el paciente permanece en el hospital 2 o 3 días si no hay complicaciones. La recuperación completa suele llegar entre 4 y 6 semanas después, dependiendo de la fortaleza del paciente.
En caso de intervención laparoscópica, el ingreso dura 24 horas; incluso puede darse el caso de alta el mismo día. La recuperación total se produce entre 2 y 4 semanas.
Los cuidados en casa no requerirán más que el lavado diario de la herida y la toma de algún analgésico en caso de dolor.
Posibles complicaciones tras la intervención
No es de esperar que haya grandes problemas cuando la apendicitis se diagnostica antes de la perforación y la peritonitis. En ese 20% que sí tiene el apéndice perforado, se pautarán antibióticos durante alrededor de una semana, lo que ha hecho que no sea una situación tan grave como era en otros tiempos. Sin embargo, aún existe el riesgo de que aparezcan abscesos (bolsas de pus) en la cavidad abdominal, que pueden requerir drenaje o, en algún caso, una nueva intervención. Puede suceder que se infecte la herida, lo que requeriría abrir la piel y dejar que la herida cure poco a poco y de dentro hacia afuera.
Como en toda intervención en el abdomen, se producen cicatrices interiores que pueden ser la causa de que algún día se obstruya el intestino. Estas obstrucciones aparecen en un número reducido de pacientes, se pueden presentar en cualquier momento de la vida (aunque normalmente se presentan en los meses siguientes a la intervención, se han visto casos hasta 60 años después de la apendicectomía) y, en ocasiones, requieren una intervención urgente. También es posible que en un pequeño porcentaje de pacientes se produzca una hernia en la cicatriz, lo que obligaría a una nueva intervención para solucionarla.
Las estrías aparecen cuando la piel se estira más rápido de lo que puede adaptarse, y las fibras de colágeno y elastina de la dermis se rompen. No son una enfermedad ni una señal de que algo va mal: son una respuesta normal del tejido cutáneo a cambios físicos intensos. La genética, las hormonas y la velocidad del cambio determinan quién las desarrolla y dónde.
Respuesta rápida: ¿por qué salen las estrías?
Rotura de fibras dérmicas: la dermis contiene fibras de colágeno y elastina que dan elasticidad a la piel. Cuando el estiramiento supera su capacidad de adaptación, esas fibras se rompen y dejan una cicatriz visible.
Factores hormonales: los picos de cortisol (estrés, corticoides) y los cambios hormonales propios de la pubertad o el embarazo reducen la resistencia de esas fibras.
Cambios bruscos de peso o volumen: tanto el aumento como la pérdida rápida de peso, y el crecimiento muscular acelerado, someten la piel a una tensión que puede superar su límite elástico.
Predisposición genética: si tus padres tienen estrías, es más probable que tú también las desarrolles ante los mismos estímulos.
Entendiendo la piel: ¿qué es exactamente una estría?
La piel tiene tres capas. La más externa es la epidermis, la que ves. Debajo está la dermis, una capa densa de tejido conectivo donde viven las fibras de colágeno y elastina. Esas fibras funcionan como una red elástica: permiten que la piel se estire y vuelva a su forma original.
Cuando el estiramiento es demasiado rápido o demasiado intenso, esa red no da más de sí. Imagina una goma elástica que se tensa hasta que cede: no se parte de golpe, pero pierde su estructura y queda marcada. Algo parecido ocurre en la dermis. Las fibras se rompen, el tejido se inflama y el cuerpo repara la zona con colágeno menos organizado, lo que produce la marca característica de la estría.
El resultado es una cicatriz dérmica. No afecta a la salud, no duele (salvo en la fase inicial, cuando puede haber algo de picor o sensibilidad), y no implica ningún riesgo médico. Pero es permanente en algún grado, aunque su aspecto puede mejorar con el tiempo y con tratamiento.
Lo que muchas personas no saben es que las estrías no son exclusivas de las mujeres ni de las personas con sobrepeso. Las tienen adolescentes de ambos sexos durante el estirón, deportistas con mucha masa muscular y personas de cualquier complexión. El factor común siempre es el mismo: la piel no tuvo tiempo suficiente para adaptarse.
Estrías rojas vs. blancas: la diferencia está en el tiempo
Las estrías pasan por dos fases bien diferenciadas, y reconocerlas tiene importancia práctica porque el momento en que se tratan condiciona los resultados.
Estrías rojas o moradas (fase inflamatoria): son las más recientes. La zona está vascularizada, es decir, hay irrigación sanguínea activa, lo que les da ese tono rojizo o violáceo. La piel puede estar ligeramente elevada y más sensible al tacto. Esta fase es la más receptiva al tratamiento porque el tejido todavía está en proceso de remodelación.
Estrías blancas o nacaradas (fase cicatricial): con el tiempo, la vascularización disminuye y la estría pierde color hasta volverse blanca o plateada. El tejido se ha estabilizado. Son más difíciles de atenuar porque el proceso de remodelación ha concluido, pero no imposibles de mejorar con procedimientos específicos.
Las causas más comunes de la aparición de estrías
Las estrías tienen siempre el mismo mecanismo de fondo, pero los desencadenantes varían según el momento vital. Conocerlos ayuda tanto a entender por qué aparecen como a anticiparse a ellas.
Cambios hormonales: pubertad y adolescencia
Durante la pubertad, el cuerpo crece a una velocidad que la piel a veces no puede seguir. Los picos de hormona de crecimiento y los cambios en los niveles de cortisol reducen la resistencia de las fibras dérmicas justo cuando el volumen corporal aumenta con rapidez. Por eso las estrías en adolescentes son tan frecuentes: aparecen en muslos, caderas, glúteos y espalda tanto en chicos como en chicas, y suelen ser la primera vez que alguien las nota en su propio cuerpo.
El embarazo: un estiramiento evidente de la piel
Las estrías gestacionales son de las más conocidas. El abdomen, los pechos y las caderas experimentan un aumento de volumen sostenido durante meses, combinado con cambios hormonales que alteran la composición de las fibras dérmicas. No todas las embarazadas las desarrollan con la misma intensidad: la genética y el estado previo de la piel juegan un papel importante. Suelen aparecer en el segundo y tercer trimestre, cuando el crecimiento del abdomen es más pronunciado.
Variaciones bruscas de peso o masa muscular
Tanto ganar peso rápidamente como perderlo en poco tiempo somete la piel a tensiones mecánicas intensas. En el caso del aumento de peso, la dermis se estira. En la pérdida brusca, la piel queda más laxa y las fibras previamente dañadas se hacen más visibles. El mecanismo de rotura es el mismo en ambos casos. Los deportistas que ganan masa muscular de forma acelerada, especialmente en hombros, bíceps y muslos, también pueden desarrollar estrías por la misma razón: el volumen muscular crece más rápido de lo que la piel puede acomodar.
Genética y otros factores médicos
Si alguno de tus padres tiene estrías pronunciadas, tu predisposición a desarrollarlas ante los mismos estímulos es mayor. No es determinista, pero sí un factor de riesgo real. Por otro lado, el uso prolongado de corticoides (en crema o sistémicos) puede debilitar las fibras dérmicas de forma directa, porque estos fármacos inhiben la síntesis de colágeno. Algunas enfermedades como el síndrome de Cushing, que eleva los niveles de cortisol de forma crónica, también se asocian a estrías extensas.
Tratamientos para atenuar las estrías: ¿qué funciona de verdad?
Aquí conviene ser honesto: ningún tratamiento elimina una estría por completo. Lo que sí es posible, especialmente en la fase roja, es mejorar significativamente su aspecto. En la fase blanca, los resultados son más modestos pero también reales.
La prevención como mejor estrategia: hidratación y nutrición
Mantener la piel bien hidratada no evita las estrías si el estiramiento es muy brusco, pero sí mejora la elasticidad del tejido y puede reducir su intensidad. La hidratación externa (cremas o aceites aplicados con masaje circular sobre las zonas de riesgo) complementa la interna: beber suficiente agua y seguir una dieta con vitamina C, zinc y proteínas favorece la síntesis de colágeno. No hay ninguna crema que garantice resultados, pero la constancia en la hidratación tiene evidencia suficiente como para recomendarla.
Tratamientos tópicos que requieren supervisión médica
El principio activo con mayor respaldo científico para las estrías en fase roja es el ácido retinoico (un derivado de la vitamina A). Actúa estimulando la producción de colágeno y acelerando la renovación celular, lo que puede mejorar la textura y el color de la estría. Requiere prescripción médica porque puede irritar la piel, especialmente en tipos de piel sensibles, y está contraindicado durante el embarazo y la lactancia. Un dermatólogo puede valorar si es adecuado para tu caso y ajustar la concentración.
Procedimientos médico-estéticos realizados por especialistas
Para las estrías en fase blanca o para quienes buscan resultados más visibles, existen procedimientos realizados en consulta médica:
Láser fraccionado: estimula la producción de colágeno en la zona tratada y mejora la textura de la piel. Requiere varias sesiones y los resultados varían según el tipo de estría y de piel.
Peelings químicos: ácidos que eliminan las capas superficiales de la piel y favorecen la renovación celular. Útiles especialmente en estrías rojas.
Microdermoabrasión: técnica física de exfoliación profunda que mejora la superficie de la piel y puede reducir la visibilidad de las estrías.
Todos estos procedimientos los realiza un profesional cualificado. Los resultados son graduales y nunca suponen una eliminación total, pero sí una mejora estética real cuando se aplican correctamente.
El papel de tu seguro de salud en el cuidado de la piel
Tener acceso a un dermatólogo marca la diferencia cuando se trata de estrías. No porque sean una urgencia médica, sino porque el diagnóstico correcto y la orientación sobre qué tratamiento tiene sentido en tu caso concreto evitan tiempo y dinero perdidos en productos sin evidencia.
Consulta a un dermatólogo de nuestro cuadro médico
El dermatólogo es el especialista indicado para valorar el tipo de estría, su fase y las opciones de tratamiento más adecuadas según tu tipo de piel, tu historial y tus objetivos. Puede prescribir retinoides si son apropiados para ti, derivarte a un procedimiento estético o simplemente darte pautas de hidratación y seguimiento.
Puedes encontrar un dermatólogo en el cuadro médico de MGC Mutua y solicitar tu consulta directamente desde ahí.
Cobertura de la consulta y tratamientos derivados
La consulta dermatológica está cubierta por las pólizas de salud de MGC Mutua. Los tratamientos puramente estéticos, como el láser fraccionado o los peelings con finalidad cosmética, no suelen estar incluidos en la cobertura, y es importante saberlo de antemano. Sin embargo, el diagnóstico médico y la prescripción de fármacos como los retinoides sí están cubiertos, lo que ya representa un paso importante. Para conocer el detalle exacto de lo que incluye tu póliza, consulta tus condiciones particulares o contacta con la Mutua.
Tres ideas para llevarte de este artículo
Actúa antes: las estrías rojas responden mejor al tratamiento que las blancas. Si las ves en fase inicial, es el momento de consultar con un dermatólogo y valorar opciones.
Hidratación constante: aplicar crema o aceite con masaje en las zonas de riesgo durante el embarazo, el crecimiento o una etapa de entrenamiento intenso puede reducir la intensidad de las estrías, aunque no las elimina por completo.
El especialista marca la diferencia: evita gastar en productos sin evidencia. Una consulta dermatológica te da un diagnóstico real y un plan de tratamiento adaptado a tu caso.
La picadura de medusa es uno de los accidentes más frecuentes en la playa durante el verano. Puede causar desde una irritación leve hasta una reacción alérgica grave. Saber cómo actuar en los primeros minutos marca una diferencia importante.
Un baño de mar es siempre una experiencia placentera y un momento para descansar, relajarse y disfrutar de unas bien merecidas vacaciones. Pero el mar también puede ser una fuente de peligros que, ocasionalmente, pueden frustrar nuestros planes y producirnos incomodidades o accidentes.
Entre las diversas agresiones que puede depararnos el mar, la más frecuente —y quizá de las más dolorosas y peligrosas— es el contacto con una medusa.
Las medusas
Son animales que pueden ocupar grandes extensiones de mar. Viven habitualmente en alta mar y nadan en la superficie en distintas épocas del año, fundamentalmente en primavera. Las transportan las corrientes marinas, el viento y las mareas, y con frecuencia aparecen en las costas donde, debido a que son transparentes, no siempre se detectan hasta que entramos en contacto con ellas. En ocasiones, después de temporales en el mar, quedan varadas en la arena de la playa, donde los bañistas pueden pisarlas inadvertidamente.
Cuando entramos en contacto con una medusa, se produce una lesión en la piel que llamamos urticante, es decir, caracterizada como la urticaria.
La carabela portuguesa
En los últimos años ha hecho su aparición en nuestras costas la carabela portuguesa, así llamada porque emerge de la superficie un apéndice en forma de vela, de color violáceo, que le permite desplazarse con el viento.
La carabela tiene unos tentáculos muy largos, de hasta 20 metros, por los que segrega una sustancia tóxica. Su picadura, además de muy dolorosa, es la más peligrosa, con los síntomas que describimos a continuación, pero especialmente intensos.
Síntomas de la picadura de medusa
Habitualmente, el contacto con una medusa produce:
Hinchazón, enrojecimiento e inflamación de la piel en la zona afectada, que puede mostrar la forma y el trayecto de los tentáculos de la medusa
La zona afectada puede llegar a infectarse y, en algunos casos de hipersensibilidad, puede complicarse con una reacción alérgica (o anafilaxis) que puede ser grave
También puede ir acompañada de otros síntomas inespecíficos, como náuseas o dolor de cabeza
Qué hacer ante la picadura de medusa: primeros auxilios
Las recomendaciones generales que proporciona el Ministerio de Sanidad incluyen:
Limpiar la zona afectada, pero nunca frotarla. Contra la creencia generalizada, debe usarse agua de mar, no agua dulce, que podría provocar que los restos de células urticantes se extendieran y causaran más lesiones. Esto se debe a la diferencia de presión osmótica entre el agua de mar y el agua dulce
Avisar al socorrista o acudir al puesto de socorro para ser atendido
Eliminar los posibles tentáculos con unas pinzas. No utilizar las manos
Es recomendable aplicar frío con una bolsa de hielo (no más de 20 minutos) sobre la zona afectada, lo que aliviará el dolor y reducirá la inflamación. Evitar aplicar el hielo directamente, ya que podría producir quemaduras
Evitar la exposición a la luz del sol y no rascarse
Si el dolor es muy intenso, es recomendable acudir a un centro de salud y, si el paciente empeora, a urgencias del hospital más cercano
Qué no hay que hacer
Los llamados remedios «caseros» de la sabiduría popular pueden ser contraproducentes:
No utilizar vinagre, cuyos efectos no están comprobados y que puede irritar más la zona
No limpiar la zona con alcohol o amoníaco
Evitar frotar con arena de la playa
Cómo se trata
Con carácter general, los pasos recomendados arriba serán suficientes para paliar los efectos de la picadura en pocas horas. Ahora bien, si el paciente muestra síntomas más graves, deberá acudir a un hospital, donde se le podrán administrar medicamentos antihistamínicos y corticoides, incluso por vía intravenosa.
Recomendaciones si hay medusas en el agua
Si se advierte un número elevado de medusas, deben tomarse las siguientes precauciones:
Permanecer atento, pues las olas pueden romper los tentáculos de la medusa, que podrían permanecer activos aun separados del animal
No pasear por la zona de la playa donde rompen las olas, pues puede haber abundancia de tentáculos desprendidos
Evitar los juegos en la orilla
Sin tocar el animal, y si es posible, retirarlo del mar y de la playa donde haya podido quedar varado
Avisar al socorrista y, si procede, a otros bañistas que no hayan advertido la presencia de medusas
Dicho todo lo anterior… ¡La mejor precaución es no meterse en el agua si hay abundancia de medusas!
Son pequeñas hernias en forma de saco en la pared del intestino grueso. La mayor parte de ellas son adquiridas, aunque algunos casos pueden ser congénitos. Es un proceso muy frecuente que aumenta con la edad y que afecta prácticamente por igual a ambos sexos.
Básicamente, se puede manifestar en forma de diverticulosis, o forma no complicada, y diverticulitis, cuando aparece inflamación de los divertículos o pequeñas dilataciones de la mucosa del intestino grueso, como veremos más adelante.
Por qué se producen
La aparición de divertículos en el colon es muy común en las sociedades occidentales y se atribuye en gran medida a una dieta pobre en fibra y rica en hidratos de carbono refinados o de absorción rápida.
El mecanismo más probable de desarrollo de los divertículos del colon es la presencia de un volumen relativamente pequeño de heces en el intestino grueso (relacionado presumiblemente, como decíamos, con la escasa cantidad de fibra en la dieta), lo que provoca un aumento de las contracciones del colon para impulsar las heces hacia delante. Esto ocasiona una mayor presión en ciertas porciones del intestino que determina la formación de pequeñas hernias o dilataciones en forma de saco en las paredes del colon.
Una vez establecidos los divertículos, las heces o partículas de alimento no digerido pueden quedar atrapadas en ellos y bloquear sus aberturas. Las bacterias proliferan en los divertículos y dan lugar a esa infección e inflamación que hemos llamado diverticulitis. El proceso puede conducir finalmente a la inflamación de toda la pared del intestino y a su perforación hacia la cavidad abdominal, pudiendo ocasionar una peritonitis, infección grave del abdomen.
Cómo se manifiesta
La mayoría de los pacientes que presentan divertículos no complicados (diverticulosis) permanecen asintomáticos o presentan síntomas tan leves (alternancia en las deposiciones, es decir, algunos días presentan diarrea y otros estreñimiento; dolor en la parte inferior e izquierda de la barriga que calma con la deposición o el ventoseo; sensación de hinchazón del abdomen o emisión de moco con la deposición) que nunca acuden al médico. Estos síntomas son, por otra parte, muy similares a los del síndrome del intestino irritable, otro proceso benigno y muy frecuente con el que a menudo se confunde.
La diverticulitis, sin embargo, es la complicación más frecuente de la enfermedad diverticular del colon. Aparece entre el 10% y el 25% de las personas que tienen divertículos. Generalmente se manifiesta por un dolor, a menudo un tanto abrupto, en la parte inferior e izquierda del abdomen (donde se ubica la porción de intestino grueso llamada colon sigmoide, que es el que con mayor frecuencia se ve afectado por este proceso). El dolor puede extenderse a otras partes del abdomen, e incluso a los genitales, y a menudo va acompañado de náuseas, vómitos, pérdida de apetito y fiebre.
Cómo se diagnostican
La enfermedad diverticular no complicada se puede diagnosticar realizando una historia clínica y un examen físico del paciente, junto con la realización de algunas pruebas complementarias, entre las que destacaremos el enema opaco, es decir, la introducción de un contraste de bario a través del ano para rellenar todo el intestino grueso y posteriormente hacer unas radiografías donde podremos observar las contracciones, la formación de saquitos en las paredes del intestino grueso y la retención del contraste en los divertículos. En ocasiones, podrá completarse con la realización de una colonoscopia, técnica que consiste en la introducción por el ano de un tubo con una luz que permite examinar el interior del intestino grueso.
En caso de sospecha de diverticulitis, se realizará un análisis de sangre para examinar la cantidad de glóbulos blancos, que habitualmente estará elevada como signo de infección. También pueden realizarse cultivos de la sangre en busca de infección extensa y otras pruebas de imagen, como la radiografía del abdomen, la tomografía axial computarizada (TAC) y la ecografía. En estos casos, tanto el enema opaco como la colonoscopia habría que plantearlos con cautela debido al riesgo de perforación intestinal que podrían entrañar.
¿Se puede prevenir?
Como antes veíamos, existe una relación inversa entre la toma de fibra insoluble (frutas y vegetales, fundamentalmente) y el riesgo de desarrollar una enfermedad diverticular del colon sintomática. En este sentido, aconsejaremos seguir una dieta rica en fibra para evitar el estreñimiento y, por ende, prevenir la aparición de esta enfermedad.
¿Cómo se tratan estos procesos?
En el caso de la diverticulosis no complicada, no existen tratamientos médicos eficaces y, como acabamos de explicar, la principal medida sería prevenir su aparición tomando una dieta rica en fibra (se ha recomendado una cantidad de al menos 32 gramos diarios) junto con abundantes líquidos. En algunas ocasiones se pueden emplear, además, laxantes de masa ya preparados a base de Plantago ovata (una planta originaria del sur de Asia que se vende en herboristerías y farmacias, incluso por internet).
Si se sospecha diverticulitis, el médico deberá decidir si el paciente puede ser tratado en su domicilio o, por el contrario, requiere ingreso en el hospital. En los casos leves, en los que el paciente no vomita y es capaz de comer, el tratamiento consiste en una dieta líquida, analgésicos y antibióticos orales. Cuando se han resuelto el dolor y la fiebre y se han normalizado las deposiciones, el paciente puede ir adoptando progresivamente una dieta normal. Posteriormente, se recomendará una dieta más rica en fibra.
El tratamiento hospitalario de la diverticulitis aguda no complicada debe iniciarse con reposo digestivo, instaurando una dieta líquida o absoluta (no tomar nada). Se administrarán líquidos con antibióticos y analgésicos a través de un gotero, hasta controlar la situación.
Aproximadamente uno de cada cinco pacientes con diverticulitis requerirá una intervención quirúrgica debido a las posibles complicaciones de la enfermedad, que son:
Escasa o nula respuesta al tratamiento médico
Deterioro del enfermo
Sepsis o extensión de la infección a todo el organismo
Los ejercicios suaves y regulares son uno de los recursos más eficaces para manejar la artrosis en los dedos de las manos. Ayudan a reducir la rigidez, mantener el rango de movimiento y aliviar el dolor sin necesidad de material especial. Eso sí, conviene conocer cuáles son seguros y cómo realizarlos correctamente para no forzar las articulaciones.
Entendiendo la artrosis en las manos: qué es y por qué duele
La artrosis es una enfermedad degenerativa del cartílago articular. Con el tiempo, ese tejido que amortigua el roce entre los huesos se va desgastando, y las superficies óseas empiezan a rozar entre sí. El resultado es dolor, inflamación localizada y pérdida progresiva de movilidad.
Conviene distinguirla de la artritis reumatoide, que tiene un origen inflamatorio e inmunológico. La artrosis, en cambio, está asociada principalmente al desgaste acumulado. No es una enfermedad rara: afecta a millones de personas en España, y las manos, junto con las rodillas y la cadera, son una de las zonas más frecuentes.
En los dedos, el daño suele concentrarse en las articulaciones interfalángicas, es decir, los nudillos del medio y la punta de cada dedo. También puede afectar a la base del pulgar, lo que dificulta tareas cotidianas como abrir un bote, escribir o coger objetos pequeños.
La buena noticia es que, aunque la artrosis no tiene cura como tal, su progresión se puede frenar y sus síntomas se pueden gestionar con hábitos adecuados, fisioterapia y, cuando es necesario, tratamiento médico.
Síntomas comunes que no debes ignorar
Reconocer los síntomas a tiempo permite actuar antes de que el deterioro avance:
Dolor al usar las manos, especialmente al apretar o girar objetos.
Rigidez matutina que mejora con el movimiento a lo largo del día.
Deformación de los nudillos: los nódulos de Heberden aparecen en la articulación más cercana a la punta del dedo; los nódulos de Bouchard, en la del medio.
Pérdida de fuerza en la mano, que dificulta tareas de agarre o pinza.
Crepitación, es decir, esa sensación de crujido al mover los dedos.
Factores que influyen en su aparición
La artrosis en las manos no aparece de la noche a la mañana ni por una sola causa. Varios factores aumentan la probabilidad de desarrollarla:
La edad: el desgaste articular se acumula con los años. Es más frecuente a partir de los 50.
La genética: si hay antecedentes familiares, el riesgo es mayor.
El sexo biológico: las mujeres la desarrollan con más frecuencia, especialmente tras la menopausia.
Lesiones previas: fracturas o esguinces mal resueltos pueden acelerar el deterioro del cartílago.
La actividad profesional o los hábitos: trabajos que implican movimientos repetitivos de las manos durante años pueden influir.
Conocer estos factores no debe generar alarma, sino orientar la prevención y la consulta temprana con un especialista.
10 ejercicios suaves para mejorar la movilidad y reducir el dolor
Antes de empezar: estos ejercicios están pensados para realizarse en fases estables, sin brotes agudos. Si sientes dolor intenso o inflamación marcada, espera a que remita y consulta con tu médico o fisioterapeuta antes de iniciar la rutina. La norma general es no forzar nunca: el movimiento debe ser suave, controlado y sin dolor agudo.
Realiza cada ejercicio entre 5 y 10 repeticiones, dos o tres veces al día. Un buen momento es después de aplicar calor en las manos durante unos minutos, cuando las articulaciones están más receptivas.
Ejercicios para ganar flexibilidad y rango de movimiento
1. Cierre suave del puño
Abre la mano con los dedos extendidos. Cierra lentamente el puño, llevando los dedos hacia la palma sin apretar con fuerza. Mantén la posición 3 segundos y abre de nuevo. Este movimiento lubrica las articulaciones y reduce la rigidez acumulada.
2. Estiramiento individual de dedos
Apoya la mano en una superficie plana con la palma hacia abajo. Levanta un dedo a la vez, manteniéndolo arriba 2-3 segundos antes de bajarlo. Trabaja cada dedo por separado, de índice a meñique. Mejora la independencia de movimiento y la movilidad interfalángica.
3. Flexión de nudillos (mano en garra)
Dobla los dedos por los nudillos del medio, como si quisieras hacer una garra, pero sin cerrar el puño. Las yemas de los dedos apuntan hacia la palma sin llegar a tocarla. Mantén 5 segundos y estira. Este ejercicio trabaja específicamente las articulaciones más afectadas por la artrosis.
4. Oposición del pulgar
Lleva la yema del pulgar a tocar la yema de cada uno de los otros cuatro dedos, uno a uno. Haz el recorrido de índice a meñique y vuelve. Si algún dedo no llega con facilidad, no fuerces: la movilidad mejora con la práctica. Este ejercicio es especialmente útil para mantener la función de pinza.
5. Caminar con los dedos
Coloca la mano sobre una mesa con la palma hacia abajo. Avanza los dedos poco a poco hacia adelante, como si “caminaran” sobre la superficie, y luego vuelve a la posición de partida. Trabaja la coordinación y la flexibilidad de forma suave y sin carga.
Ejercicios para fortalecer los músculos de la mano
6. Apretar una pelota antiestrés
Sujeta una pelota blanda o de espuma y apriétala con toda la mano durante 3-5 segundos. Suelta despacio. Si no tienes pelota, una esponja de cocina funciona igual de bien. Este ejercicio fortalece los músculos flexores sin sobrecargar las articulaciones.
7. Ejercicio de pinza
Junta la yema del pulgar con la del índice formando una “o”. Mantén la presión 3 segundos y suelta. Repite con el pulgar y el dedo corazón, y así sucesivamente. Fortalece los músculos intrínsecos de la mano, que son los que controlan los movimientos finos.
8. Levantamiento de dedos con resistencia suave
Coloca una goma elástica fina alrededor de todos los dedos. Abre la mano lentamente contra la resistencia de la goma y vuelve a cerrarla. La resistencia debe ser mínima: no uses gomas duras. Este ejercicio trabaja los músculos extensores, que suelen debilitarse más con la artrosis.
9. Extensión de muñeca
Apoya el antebrazo en una mesa con la mano colgando por el borde y la palma mirando hacia abajo. Sube la mano lentamente hacia arriba (flexión dorsal) y bájala de nuevo. Mantén el movimiento controlado y sin balanceo. Mejora la estabilidad de la muñeca, que influye directamente en la función de los dedos.
10. Giros suaves de muñeca
Con el codo apoyado en la mesa, gira la muñeca lentamente en círculos, primero en un sentido y luego en el otro. Cinco círculos en cada dirección es suficiente. Evita los movimientos bruscos o de gran amplitud si notas molestia.
Prácticas complementarias y lo que debes evitar
Los ejercicios son la base, pero hay otras medidas que pueden marcar una diferencia real en el día a día. Pequeños ajustes en los hábitos reducen la carga sobre las articulaciones y ayudan a controlar el dolor entre sesiones.
El papel del calor y el frío para un alivio temporal
El calor y el frío no curan la artrosis, pero alivian los síntomas en momentos concretos:
Calor (bolsa de agua caliente, almohadilla eléctrica o remojo en agua tibia): ideal para la rigidez matutina o antes de hacer los ejercicios. Relaja la musculatura y mejora la circulación local.
Frío (bolsa de hielo envuelta en un paño, nunca directamente sobre la piel): más útil cuando hay inflamación visible o dolor agudo tras un esfuerzo. Reduce la hinchazón y adormece la zona temporalmente.
Aplica calor o frío entre 10 y 15 minutos. Si la piel se enrojece o aparece malestar, retíralo antes.
Movimientos y hábitos que es mejor evitar
Algunas acciones cotidianas aceleran el desgaste o provocan brotes de dolor:
Cargar bolsas pesadas colgadas de los dedos en lugar de distribuir el peso en la palma o el antebrazo.
Abrir botes o tarros con giros bruscos y fuerza. Usa abrebotellas o pide ayuda.
Movimientos repetitivos de pinza con resistencia, como teclear durante horas sin pausas.
Forzar los dedos en posiciones extremas, aunque sea “para estirar”.
Ignorar el dolor y seguir usando la mano con intensidad cuando hay un brote activo.
Cuándo es el momento de consultar a un especialista
Los ejercicios y los cuidados en casa ayudan, pero hay situaciones en las que es necesario ir más allá. Consulta con un profesional si:
El dolor persiste más de dos o tres semanas a pesar del reposo y las medidas de alivio.
La deformación de los nudillos avanza de forma visible en poco tiempo.
Pierdes fuerza de forma progresiva y te cuesta realizar tareas básicas.
Aparece inflamación con calor local y enrojecimiento que no mejora con frío.
La rigidez matutina dura más de 30 minutos.
Estos signos pueden indicar que la artrosis ha progresado o que hay otro proceso añadido, como una artritis inflamatoria, que requiere un diagnóstico diferenciado. El reumatólogo es el especialista de referencia para la artrosis de manos; el fisioterapeuta, el profesional que diseñará un programa de rehabilitación adaptado a tu caso.
Ante cualquier duda, consulta siempre con tu médico antes de tomar decisiones sobre tu salud.
Cómo te ayuda tu seguro de salud MGC Mutua
Si tienes un seguro de salud con MGC Mutua, acceder a un reumatólogo o a un fisioterapeuta es más sencillo de lo que parece. A través del cuadro médico de MGC puedes localizar el especialista más cercano a tu domicilio y solicitar cita directamente, sin derivaciones largas ni listas de espera.
Si lo que necesitas en un primer momento es orientación, la teleconsulta de MGC te permite hablar con un médico desde casa, sin desplazarte. Es útil para resolver dudas, valorar si los síntomas requieren atención presencial o saber qué especialista necesitas ver.
MGC es una mutua sin ánimo de lucro: los beneficios se reinvierten en ampliar coberturas y mejorar servicios, no en repartir dividendos. Eso se traduce en una atención orientada al mutualista, no a la rentabilidad del trimestre.
Consulta el cuadro médico de MGC Mutua y encuentra un reumatólogo o fisioterapeuta cerca de ti, o usa la teleconsulta para recibir orientación sin salir de casa.
Para llevarte tres ideas claras:
Los ejercicios de movilidad y fortalecimiento suave son seguros y eficaces para gestionar la artrosis en los dedos, siempre que se realicen sin dolor agudo y de forma constante.
Calor antes de los ejercicios y frío tras los brotes inflamatorios son aliados sencillos que puedes incorporar desde hoy.
Si el dolor no mejora, la deformación avanza o pierdes fuerza de forma progresiva, es el momento de ver a un reumatólogo o fisioterapeuta, no de esperar.
Las coberturas exactas se definen en las condiciones generales y particulares de cada póliza.
Una semilla es un alimento que, solo con agua y los nutrientes que aporta la tierra, acaba siendo una planta o un árbol. Contienen, por tanto, una elevada cantidad de diferentes nutrientes y sustancias beneficiosos para la propia planta, pero también para la nutrición humana.
Las semillas constituyen una fuente inapreciable de sustancias como grasas saludables, proteínas vegetales, fibra, magnesio, hierro y muchas otras. Además, comerlas facilita la digestión gracias a su contenido en fibra, aumentando, además, la sensación de saciedad. Se pueden tomar tal cual, en batidos, con yogur, y son un excelente añadido a ensaladas.
Tradicionalmente, en occidente, y particularmente en España, se han comido muchas semillas: las legumbres, los cereales, los frutos secos. Además de estas de siempre, en los últimos años se han incorporado a nuestra dieta otras nuevas. Hacemos aquí un repaso a las semillas más beneficiosas para tu nutrición.
1. Chía
Treinta gramos de esta pequeña semilla contienen unos 12 gramos de carbohidratos que, al estar en forma de fibra, no modificarán tu glucemia (azúcar en sangre), sino que facilitarán tu digestión, a la vez que aumentan tu sensación de saciedad.
Además, esos 30 gramos de semillas de chía proporcionan:
Calorías: 138
Carbohidratos: 11,9 gramos
Proteínas: 4,68 gramos
Grasas: 8,7 gramos
Fibra: 9,75 gramos
Calcio: 179 miligramos
Potasio: 2,4 miligramos
2. Sésamo
Estas semillas son muy habituales en la comida oriental, pero también son un sazonamiento excelente para ensaladas, pescados, etcétera. También son la base de un aceite igualmente muy usado en oriente.
Contienen fibra, selenio, hierro y magnesio, y son una buena fuente de proteínas vegetales. Una cucharada sopera de sésamo (9 gramos) contiene:
Calorías: 51,6
Carbohidratos: 2 gramos
Proteínas: 1,6 gramos
Grasas totales: 4,5 gramos
Fibra: 1 gramo
Calcio: 88 miligramos
Fósforo: 8 miligramos
3. Lino
Las semillas de lino (o linaza) contienen fibra y ácidos grasos omega-3. Además, aportan un antioxidante, el ácido alfa-linolénico, presente solo en la cáscara dura que no es digerible. Para absorberlo, es necesario moler el lino entero. Una cucharada de linaza molida (7 gramos) contiene:
37 calorías
Carbohidratos: 2 gramos
Proteínas: 1,3 gramos
Grasas totales: 2,9 gramos
Fibra: 1,9 gramos
Calcio: 18 miligramos
Magnesio: 7,4 miligramos
4. Cáñamo
Contienen todos los aminoácidos esenciales (que son los que el cuerpo no es capaz de producir por sí mismo). También contienen otros nutrientes, como ácidos omega-3 y omega-6, y vitaminas A y C, además de fibra. Treinta gramos de semillas de cáñamo sin cáscara contienen:
166 calorías
Carbohidratos: 2,6 gramos
Proteínas: 9,48 gramos
Grasas totales: 14,6 gramos
Fibra: 1,2 gramos
Fósforo: 71 miligramos
Potasio: 7,5 miligramos
5. Pipas de calabaza
Se comen tanto crudas como tostadas y son un buen aderezo en ensaladas y sopas. También son un buen aperitivo. Contienen magnesio y altos niveles de triptófano, un aminoácido que genera melatonina y serotonina, lo que es clave en la regulación del sueño.
Treinta y dos gramos de pipas de calabaza contienen:
Calorías: 180
Carbohidratos: 3 gramos
Proteínas: 10 gramos
Grasas totales: 16 gramos
Fibra: 2 gramos
Fósforo: 49 miligramos
Magnesio: 44 miligramos
6. Pipas de girasol
En España se consumen de toda la vida como algo que roer y son hasta un entretenimiento. Contienen grasas insaturadas (monoinsaturadas y poliinsaturadas), ambas consideradas saludables, lo que contribuye a reducir los riesgos de enfermedad cardiovascular, colesterol alto e inflamación.
Cuatro cucharadas soperas, o 48 gramos, de pipas de girasol contienen:
Calorías: 163
Carbohidratos: 6,7 gramos
Proteínas: 5,4 gramos
Grasas totales: 13,9 gramos
Fibra: 3,1 gramos
Calcio: 19,6 miligramos
Hierro: 1 miligramo
7. Semillas de granada
En el interior de la granada hay muchas pepitas de color rojo brillante, que en realidad son el envoltorio de las semillas, de color blanco. Son una buena fuente de vitaminas y minerales.
Contienen además buenas dosis de antioxidantes que ayudan a contener la inflamación: taninos, antocianos y flavonoides. Media taza, u 87 gramos, de granos de granada contienen:
La operación de dedos en garra es una intervención quirúrgica que corrige la flexión anormal de los dedos del pie. Se realiza de forma ambulatoria, con anestesia local o regional, y dura menos de una hora. La recuperación permite caminar desde el primer día con calzado especial, aunque la vuelta a la actividad normal lleva entre cuatro y ocho semanas.
¿Qué son los dedos en garra y por qué aparecen?
Un dedo en garra es una deformidad en la que el dedo se dobla de forma anormal hacia abajo, adoptando una postura similar a la de una garra. Afecta principalmente a los cuatro dedos menores del pie y puede aparecer en uno o varios a la vez. Los síntomas más frecuentes son dolor al caminar, rozaduras con el calzado, callosidades en el dorso del dedo y, con el tiempo, rigidez que dificulta devolver el dedo a su posición natural.
La deformidad puede ser flexible al principio, lo que significa que el dedo aún puede enderezarse con la mano. Cuando se vuelve rígida, la corrección manual ya no es posible y los síntomas suelen empeorar. Si te identificas con esta descripción, lo más útil es consultar a un especialista en traumatología o podología antes de que la deformidad progrese.
Diferencias con los dedos en martillo y en mazo
Estas tres deformidades se confunden con frecuencia porque afectan a los mismos dedos y comparten síntomas parecidos. La diferencia está en qué articulación se dobla y en qué dirección.
Causas comunes: del calzado inadecuado a factores genéticos
Los factores que favorecen la aparición de dedos en garra son variados:
Calzado estrecho o con tacón alto: comprime los dedos y los fuerza a mantenerse doblados durante horas.
Pie cavo o pie plano: alteran la distribución del peso y sobrecargan ciertos tendones.
Artritis reumatoide: provoca inflamación articular que puede deformar la estructura del pie.
Lesiones previas: fracturas o esguinces mal resueltos pueden desestabilizar los tendones.
Predisposición hereditaria: la forma del pie y la laxitud ligamentosa se heredan, lo que explica que la deformidad sea más frecuente en algunas familias.
Neuropatías: enfermedades como la diabetes pueden afectar a los nervios que controlan los músculos del pie.
¿Cuándo es necesaria la operación? Alternativas y tratamiento conservador
La cirugía no es el primer paso. Cuando la deformidad todavía es flexible y los síntomas son moderados, existen opciones conservadoras que pueden aliviar el dolor y frenar la progresión. El objetivo de estos tratamientos no es revertir la deformidad, sino reducir las molestias y mejorar la calidad de vida mientras el dedo mantiene cierta movilidad.
El especialista valorará tu caso concreto antes de recomendar cualquier intervención. La decisión de operar depende de factores como el grado de rigidez, la intensidad del dolor y la respuesta a los tratamientos previos.
Opciones no quirúrgicas: plantillas, ortesis y fisioterapia
Antes de llegar al quirófano, se suelen explorar estas alternativas:
Cambio de calzado: zapatos con puntera ancha y suficiente profundidad reducen la presión sobre los dedos. Es el primer ajuste que cualquier especialista recomendará.
Plantillas personalizadas: redistribuyen la carga del pie y alivian los puntos de mayor presión. Son especialmente útiles cuando existe pie plano o pie cavo asociado.
Ortesis de silicona: correctores que se colocan entre los dedos o bajo ellos para mantenerlos en una posición más neutra y proteger las zonas de rozadura.
Ejercicios de estiramiento: maniobras sencillas para mantener la flexibilidad del dedo y fortalecer la musculatura intrínseca del pie. Un fisioterapeuta puede enseñarte la técnica correcta.
Parches y protectores: reducen la fricción y alivian las callosidades mientras se aplican otras medidas.
Señales de que la cirugía puede ser la mejor opción
Hay situaciones en las que el tratamiento conservador ya no es suficiente. Un especialista puede recomendar la operación cuando:
El dolor persiste a pesar de meses de tratamiento conservador y limita actividades cotidianas como caminar o estar de pie.
La deformidad se ha vuelto rígida y el dedo ya no puede enderezarse de forma manual.
Las callosidades o úlceras aparecen de forma recurrente y no responden a los cuidados locales.
El dedo impide calzarse con normalidad o afecta al equilibrio y la marcha.
Ninguno de estos criterios es absoluto. La decisión final siempre la toma el especialista junto contigo, valorando tu situación global.
La operación de dedos en garra: técnicas y procedimiento
La cirugía de dedos en garra tiene como objetivo devolver al dedo una posición correcta y eliminar el dolor. El procedimiento es sencillo desde la perspectiva del paciente: no requiere ingreso hospitalario, se realiza con anestesia local o regional y la intervención dura, en la mayoría de los casos, menos de una hora.
Antes de la operación, el traumatólogo o cirujano del pie solicitará una radiografía para valorar el estado de las articulaciones y elegir la técnica más adecuada. También revisará tu historial de salud para descartar contraindicaciones.
Cirugía percutánea (mínimamente invasiva) vs. cirugía abierta
Hoy en día, la técnica más habitual es la cirugía percutánea, también llamada mínimamente invasiva. El cirujano trabaja a través de pequeñas incisiones de pocos milímetros, usando instrumental de precisión guiado por control radiológico. Las ventajas son evidentes: menos daño en los tejidos, menor riesgo de infección, cicatrices casi imperceptibles y una recuperación más rápida.
La cirugía abierta, en cambio, requiere una incisión más larga para acceder directamente a la articulación. Se reserva para casos complejos o cuando se necesita trabajar en varias estructuras a la vez. Ambas técnicas son seguras; la elección depende de la anatomía del dedo y de la experiencia del equipo quirúrgico.
Anestesia, duración y qué esperar el día de la intervención
La anestesia habitual es local o regional (bloqueo del tobillo o del nervio del pie), lo que significa que estarás despierto durante la intervención pero sin sentir dolor en la zona operada. La duración oscila entre 30 y 60 minutos según el número de dedos tratados. Al terminar, permanecerás en observación un tiempo breve y, si todo va bien, podrás marcharte a casa el mismo día con el pie vendado y el calzado postquirúrgico.
Artroplastia y artrodesis: las técnicas para corregir la deformidad
Dentro de la cirugía, el especialista puede optar por dos procedimientos principales:
Artroplastia de resección: se extrae una pequeña parte del hueso de la articulación afectada, lo que permite que el dedo recupere una posición más recta. Es la técnica más frecuente en deformidades flexibles o semirígidas.
Artrodesis: se fusionan los huesos de la articulación para fijar el dedo en una posición correcta de forma permanente. Se utiliza cuando la rigidez es total y la articulación ya no tiene función útil. En algunos casos se coloca una aguja temporal (kirschner) que se retira semanas después en consulta.
Postoperatorio y recuperación tras la cirugía de dedos en garra
La recuperación es gradual y, en general, más llevadera de lo que muchos pacientes esperan. El pie estará vendado y necesitarás usar un calzado postquirúrgico especial durante varias semanas, pero podrás apoyar el pie desde el primer día. El dolor postoperatorio suele ser leve y se controla bien con analgésicos orales habituales.
Es normal que aparezca algo de inflamación y moratón en los primeros días. La hinchazón puede persistir varias semanas, especialmente al final del día, y tiende a reducirse de forma progresiva.
Cuidados inmediatos: vendaje, calzado postquirúrgico y reposo
Durante las primeras 48-72 horas, las pautas más importantes son:
Mantener el pie elevado por encima del nivel del corazón siempre que sea posible, especialmente cuando estés sentado o tumbado. Esto reduce la inflamación y el dolor.
Aplicar frío local de forma intermitente (nunca directamente sobre la piel) para aliviar la hinchazón.
No mojar el vendaje: las curas las realizará el especialista en consulta según el protocolo establecido. Evita la ducha directa sobre el pie hasta que te lo indiquen.
Usar el calzado postquirúrgico en todo momento al caminar. Este zapato especial protege el pie y distribuye el peso de forma correcta mientras cicatriza.
Vuelta a la normalidad: ¿cuándo podré caminar, conducir y hacer deporte?
Los plazos son orientativos y pueden variar según la técnica utilizada y la respuesta de cada persona:
Caminar: desde el primer día con el calzado postquirúrgico, de forma progresiva y sin largas distancias.
Conducir: en torno a las 2-4 semanas, cuando el especialista confirme que tienes control suficiente del pie. Si la operación fue en el pie derecho, el plazo puede ser algo mayor.
Calzado normal: a partir de las 4-6 semanas, según la evolución.
Deporte de bajo impacto (natación, bicicleta estática): generalmente a partir del mes o mes y medio.
Actividad deportiva de impacto (correr, deportes de equipo): a partir de los 2-3 meses, siempre con el visto bueno del especialista.
Precio y cobertura de la operación de dedos en garra en MGC Mutua
El coste de la intervención en la sanidad privada varía bastante según la clínica, el especialista, la técnica empleada y el número de dedos tratados. Un seguro de salud cubre los gastos principales: honorarios del cirujano, uso del quirófano y el material necesario para la intervención, lo que supone un alivio económico significativo frente a abonar todo de bolsillo.
Si eres mutualista de MGC Mutua, lo primero es revisar las condiciones particulares de tu póliza para confirmar que la intervención traumatológica está incluida en tus coberturas. Ante cualquier duda, el equipo de Atención al Mutualista puede orientarte sin necesidad de que hagas gestiones complejas.
¿Cuánto puede costar la intervención por la sanidad privada?
Sin seguro, el precio de una operación de dedos en garra en una clínica privada puede oscilar ampliamente dependiendo de todos los factores mencionados. Con un seguro de salud que incluya cobertura quirúrgica traumatológica, los gastos del procedimiento quedan cubiertos en su mayor parte. Si tu póliza incluye copago, se aplicará la cantidad correspondiente según las condiciones que contrataste.
Conceptos clave de tu póliza: carencias, copagos y autorizaciones
Antes de pedir cita con el especialista, conviene tener claros tres conceptos:
Carencia: periodo inicial tras la contratación en el que algunas coberturas no están activas. Para intervenciones traumatológicas, consulta las condiciones generales de tu póliza.
Copago: cantidad fija que pagas por cada acto médico en las modalidades de póliza que lo incluyen. Puede aplicar tanto a la consulta como a la intervención.
Autorización previa: la mayoría de las intervenciones quirúrgicas requieren que el especialista solicite autorización a la Mutua antes de operar. Este trámite lo gestiona habitualmente la propia clínica o el médico.
Las coberturas exactas se definen en las condiciones generales y particulares de cada póliza. Para cualquier consulta específica sobre tu caso, puedes contactar con MGC Mutua en el 931 221 550 o a través de mgc@mgc.es.
Encuentra un especialista en traumatología en el cuadro médico de MGC Mutua
Si tienes molestias en los dedos del pie y quieres saber si la operación es lo más adecuado para ti, el primer paso es consultar a un especialista. A través del cuadro médico de MGC Mutua puedes localizar un traumatólogo o especialista en cirugía del pie cerca de donde vives y pedir cita directamente.
Para recordar antes de actuar:
Los tratamientos conservadores (calzado adecuado, ortesis, fisioterapia) son siempre el primer paso; la cirugía se valora cuando no son suficientes.
La operación es ambulatoria, dura menos de una hora y permite caminar desde el primer día con calzado especial.
Si eres mutualista de MGC Mutua, revisa tu póliza o contacta con Atención al Mutualista para confirmar la cobertura y los pasos para la autorización previa.
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