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Vacuna de la gripe: cinco mitos que no debes creer

Vacunas

Lamentablemente, sigue habiendo voces, supuestamente documentadas, que asocian las vacunas a males tan serios como el autismo. Y el caso es que en pocos temas la Comunidad Científica es tan unánime: las vacunas han salvado millones de vidas desde que existen, y no hay ningún argumento ni medianamente sólido que permita cuestionarlas. Es así de tajante. A continuación exponemos algunos de esos argumentos, a los que, repetimos, no hay que hacer ningún caso y otras creencias populares.

1. No es necesaria, porque la gripe es sólo un mal catarro

La gripe es una enfermedad potencialmente grave. Tanto, que en la temporada 2017-2018 causó 927 fallecimientos en toda España, más del doble que la temporada anterior (datos del Informe de Vigilancia de la Gripe en España). NO se trata de un mal catarro, y debe tomarse muy en serio, fundamentalmente en los grupos de población de riesgo: mayores, niños, personal sanitario, etc.

Las autoridades sanitarias fomentan la vacunación, que resulta gratuita en esos grupos de población. De no ser tan grave... bueno, no se fomentaría la vacuna como actualmente se hace.

2. La vacuna en sí contagia la gripe

Otra creencia extendida. No puede contagiar la gripe por la sencilla razón de que la vacuna no contiene virus activos, sino partes inactivas del mismo. El cuerpo reconoce el agente externo y elabora los anticuerpos que nos protegerán contra una eventual infección.

Lo que sí puede es “dar reacción”: efectos secundarios, como dolores musculares, cansancio e incluso un poco de fiebre durante un par de días. Pero de ahí a la gripe media un abismo.

3. Los niños vacunados protegen a los demás

La campaña de vacunación anual no incluye a los niños, aunque cada vez se considera más conveniente vacunarlos, a partir de los seis meses de edad.

Probablemente sean los niños las agentes más propagadores de la enfermedad. En el colegio juegan muy juntos y es muy fácil el contagio entre ellos, que su vez pueden transmitir la infección a toda la familia. Vacunarlos, por tanto, no sólo los protege, sino que es una forma más de evitar la diseminación del virus.

Conviene recordar un dato: el grupo de población en que se registran más ingresos por culpa de la gripe es los niños, más incluso que entre los mayores. La vacuna puede evitar esto en gran medida.

4. Los alérgicos no se pueden vacunar

Esto tiene algo de verdad, porque la vacuna se elabora con huevos en que se cultivan los virus que, una vez atenuados, se inyectarán. De modo que sí, los alérgicos a los huevos deben tener cuidado: pero ese cuidado no va más allá de que es necesario advertírselo al médico, porque existen vacunas elaboradas sin huevo, o con un contenido extremadamente pequeño, que no dará problemas. Viene a cuento una estadística: solo entre el 0,5 y el 2% de los niños es alérgico al huevo, aunque parece que puede llegar al 5% si se efectúa una prueba cutánea.

Otras posibles alergias que hay que tener en cuenta son las que provocan algunos antibióticos, por la misma razón que con los huevos. Las enfermeras a menudo preguntan a los pacientes por este tipo de alergias antes de administrar la vacuna de la gripe.

5. Las vacunas tienen mercurio

Igualmente, esto es tajantemente falso y enlaza con el párrafo inicial de este artículo. El mito proviene de un conservante, llamado tiomersal, que está basado en mercurio y que se ha usado en algunas vacunas.

Científicamente hablando, el tiomersal contiene una sustancia llamada etil-mercurio, del que está demostrado que no se acumula en el cuerpo, y que se elimina vía intestinal. El mercurio perjudicial –muy perjudicial, ciertamente– es el metil-mercurio que sí se acumula en el cuerpo humano a través de la cadena trófica: pescado y otros animales contaminados.

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Agencia Europea del Medicamento afirman que no hay ninguna evidencia de riesgo en el tiomersal. Además, por su fuera poco, las vacunas que se usan en la Unión Europea (y por tanto en España) no contienen tiomersal, que se usa en vacunas epidémicas, como la de la gripe porcina.