Salud y medicina

¿Te atreves con la ducha fría? Lee aquí por qué deberías probar

Beneficios de la ducha fría

¿A quién no le ha pasado? Estás en ese nirvana de la ducha, dejando el agua caliente resbalar deliciosamente cuerpo abajo y sin previo aviso alguien abre el grifo de la caliente en algún otro sitio de la casa. La impresión es indescriptible y todos suplicamos mentalmente (o no, claro, y damos la voz de rigor) que quien sea cierre inmediatamente el bendito grifo.

Sin embargo, la ducha fría es cada vez más popular entre deportistas y hay muchos defensores de sus beneficios, para los sistemas circulatorio e inmunitario y hasta para la salud mental.

8 beneficios de la ducha fría…

En realidad, la ciencia no ha estudiado demasiado la ducha fría, pero lo que decimos a continuación está completamente comprobado.

Pero antes, una advertencia

Si no te sientes bien, si acabas de salir del hospital o si por la razón que sea estás inmunodeprimido, espera a recuperarte del todo para darte duchas frías. La ducha fría puede ser exigente, tanto física como mentalmente, y mejor estar al cien por cien en ambos aspectos. Y, por descontado, nunca debes considerar las duchas frías como alternativa a cualquier tratamiento que estés siguiendo.

Genera endorfinas

La exposición al agua fría activa el sistema nervioso simpático e incrementa la liberación de noradrenalina en el cerebro, que influye en la reacción “lucha o huida” ante la percepción de un peligro. El cuerpo libera endorfinas para soportar los “shocks”, para crear la sensación de euforia, la regulación del apetito, la liberación de las hormonas sexuales y para fortalecer la respuesta inmune.

Cuando los niveles de endorfinas crecen, sentimos menos dolor y se minimizan los efectos negativos del estrés. Aunque hace falta investigar más, un pequeño estudio clínico mostro que una ducha fría de cinco minutos, una o dos veces al día, minoraba los síntomas de la depresión.

Ayuda al metabolismo

Cuando hablamos de grasa corporal, nos referimos habitualmente a la grasa “blanca” (o tejido adiposo blanco). Pero hay un segundo tipo de grasa, la grasa “marrón”, o tejido adiposo marrón, que se activa cuando nos exponemos a bajas temperaturas. Descompone la glucosa (el azúcar en sangre) y las moléculas de grasa, quemando calorías para ayudar a mantener la temperatura del cuerpo.

Un estudio publicado en la revista Nature mostró que la actividad elevada de la grasa marrón reduce los niveles de unos compuestos llamados aminoácidos de cadena ramificada (BCAA). Si bien son fundamentales para muchas funciones corporales, diversos estudios realizados en humanos y roedores han asociado esa alta actividad con obesidad, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

Mejora la circulación

Cuando el agua fría toca la piel, los vasos se constriñen, disminuyendo la circulación de las capas superficiales, lo que causa que la sangre circule más rápidamente para mantener la temperatura óptima del cuerpo. Un pequeño estudio, publicado en la revista International Journal of Sports Physiology and Performance encontró que una ducha fría después de hacer deporte puede ayudar a mejorar la hidratación corporal, debido en parte al efecto sobre el flujo de circulación cutáneo.

Ayuda al sistema autoinmune

Otro efecto del agua fría sobre el torrente sanguíneo es que estimula la producción de leucocitos (o glóbulos blancos), que constituyen la fuerza de choque contra infecciones y que ayudan a elaborar la resistencia a enfermedades comunes. Según algunos expertos, apenas 30 segundos de agua fría (por ejemplo al acabar tu ducha con agua caliente) podrían reducir en un tercio las enfermedades comunes.

No está clara la causa, aunque algunos investigadores sugieren que ante la exposición repentina al agua fría, el cerebro podría estimular el sistema inmune: un efecto llamado inmunoestimulación neurobiológica.

Podría reducir el dolor muscular

La ducha fría podría “engañar” al cerebro y provocar una recuperación más rápida después de una jornada de trabajo duro. Un nuevo estudio, éste del South Australian Sports Institute, encontró que la inmersión en agua fría disminuyó significativamente la percepción del dolor muscular y el cansancio general en un grupo de atletas, aunque no había diferencia en la cantidad de daño muscular o de inflamación mostrada en un segundo grupo al que se sometió a una inmersión en agua templada.

Aumenta la energía

Una investigación publicada en la revista PLOS One, afirma que una ducha fría podría ser un buen sustituto de tu café, o té, matutino. En el estudio, sobre 3018 voluntarios en quienes se examinó los efectos de la ducha fría en el trabajo y la salud, la mayoría reportó que tenían más energía, incluso en comparación de los efectos del café mañanero.

Es buena para la piel y el pelo

No hay muchos estudios científicos sobre los efectos del agua fría sobre la piel y el pelo, pero hay cierta evidencia que la asocia a piel y pelo más brillantes. Podría ser efecto de la constricción del flujo sanguíneo en la piel más superficial lo que ayudaría a cerrar los poros y cutículas del pelo. Al contrario que el agua caliente, el agua fría no seca la capa sebácea (los ácidos y grasas naturales que protegen la superficie de piel y cabello).

Aumenta la resiliencia mental

La mayoría de las actividades diarias se orientan a evitar todo tipo de incomodidad. Meterse bajo el agua fría exige un cierto sacrificio, algo que algunos autores sugieren que mejoraría la resiliencia al estrés y la solidez mental.

Para algunos, la ducha fría es una experiencia en cierto modo meditativa, y un poderoso recordatorio de que no hay que reaccionar ante cualquier emoción fuerte que experimenten. Una investigación de la Charles University encontró que los que se sumergían en agua fría bajaban drásticamente los niveles del cortisol, la hormona del estrés.

Cómo empezar con las duchas frías

Se entiende por ducha fría a la que está a 21ºC o menos. Si te sientes fuerte y estás dispuesto a ir por todas, abre sólo el grifo de la fría. De lo contrario, date tu ducha normal y baja paulatinamente al nivel de la caliente hasta que empieces a sentirte incómodo. Cuando llegues a este punto, permanece ahí durante un par de minutos, respirando profundamente. La siguiente ducha, baja aún más la temperatura, y aumenta el tiempo de permanencia bajo el agua; y así sucesivamente. Con el tempo, te habituarás y disfrutarás de los beneficios expuestos.