Bienestar, Salud Mental

Hay más trastornos alimentarios: no solo anorexia y bulimia

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La expresión “trastorno alimentario” nos hace a todos pensar inmediatamente en anorexia y bulimia. Los dos son tristemente célebres y están constantemente en la palestra en todos los medios informativos. Y está justificado, porque es terrible ver a alguien dejarse, literalmente, morir de hambre, consecuencia extrema de ambas enfermedades. Pero no sólo existen esos trastornos alimentarios. Hay más, y cada uno tiene sus propios síntomas y causan diversos problemas.

Todos estos trastornos –algunos de ellos son muy graves– se pueden curar, pero normalmente requieren la intervención de un médico especializado. Si crees que alguien cercano podría tener algún síntoma, o que su comportamiento con la comida es extraño, habla con él, o con ella, para convencerle de que busque ayuda profesional.

A continuación describimos los más importantes.

La ortorexia

Grosso modo, la ortorexia es la obsesión por comer sano. Quienes la padecen tienen esa malsana idea que, llevada a sus últimas consecuencias, crean un estado de angustia y ansiedad extremas cuando no pueden ajustarse a lo que ellos creen que es comer sano. Lo que puede empezar como una dieta para mejorar aspectos nutricionales (o para adelgazar) puede a su vez degenerar en esa obsesión. Los que la padecen son muy estrictos en sus regímenes alimentarios y no es fácil de curar, porque la diferencia entre querer comer sano y esa conducta obsesiva no es fácil de delimitar.

La preocupación constante sobre los efectos de tal alimento sobre la salud, en muchos casos el exceso de ejercicio, la constante ingesta de suplementos vitamínicos y dietéticos, la obsesión compulsiva por la higiene a la hora de cocinar, son algunos de los síntomas habituales.

Comer compulsivamente

O, dicho de otro modo, el atracón de comida. Son episodios en que el paciente come sin límite, atiborrándose literalmente de comida para, inmediatamente, pasar a un estado de desesperación, vergüenza y sentimiento de culpa. Esos atracones se producen estando generalmente solos y una consecuencia característica es no querer salir de casa: la agorafobia.

Es frecuente que los pacientes no lo reconozcan como un trastorno, aunque los síntomas no son fáciles de ocultar.

BDD, o trastorno dismórfico corporal

Las siglas corresponden al inglés Body Dismorphic Disorder o sea, trastorno dismórfico corporal. Quienes lo padecen se obsesionan por un rasgo de su propio cuerpo que puede ser muy leve y que ven feo o defectuoso, muchas veces imaginario y exagerado por el propio paciente. Ya sea un rasgo facial o una falta de simetría corporal, o proporciones más o menos alteradas, a los pacientes les crea un sentimiento de inseguridad enfermizo.

Los síntomas incluyen la obsesión por el problema, el constante mirarse en cualquier espejo y la preocupación obsesiva por ocultar el rasgo de cualquier forma imaginable.

Masticar y escupir

Una forma más de reducir la comida ingerida. Los pacientes se niegan a sí mismos el placer de tragar la comida que se han introducido en la boca y que han masticado. Es un trastorno con la misma intencionalidad que la bulimia, y los pacientes prefieren comer en soledad, y prueban platos que en condiciones normales no ingerirían.

anorexia

Diabulimia: ED-DMT1

Es un trastorno específico de los pacientes que padecen diabetes tipo 1 y consiste en reducir la dosis necesaria de insulina pensando que con ello adelgazarán. Es poco conocido. No es fácil de detectar, porque parece que comen con normalidad, y puede ocultarse incluso a médicos especializados, como internistas o endocrinólogos. Las consecuencias pueden ser devastadoras.

Trastorno alimentario selectivo

Consiste en desarrollar fobias a determinados platos, sabores o texturas. Normalmente se presenta en los niños, aunque puede perdurar en el tiempo y seguir padeciéndolo de adultos. Sólo comen ciertos alimentos y pueden tener episodios de angustia cuando se ven delante de un plato objeto de sus fobias.

Y dejamos para el final los más conocidos:

La anorexia

Se suele presentar en personas perfeccionistas, que se obsesionan por tener un aspecto físico perfecto. Hay dos tipos, desde el punto de vista médico: la restrictiva, en que el paciente come anormalmente poco, buscando adelgazar. Puede ir acompañada de un exceso de ejercicio. Y la anorexia con tendencias bulímicas. La diferencia entre esta última y la bulimia propiamente dicha es muy sutil y se estableció porque se tratan médicamente de manera diferente.

La bulimia

En que los pacientes intentan adelgazar provocándose el vómito después de comer. Suelen comer en exceso en la confianza de que después van a vomitar todo. Suele crear un estado de vergüenza, por lo que se suele mantener oculta y les impide buscar ayuda.

Tanto la anorexia como la bulimia son enfermedades muy complejas. Ambas tienen identificados los siguientes factores de riesgo:

  • Ser mujer. Estrictamente hablando, no es que tengan más riesgos, sino que los números son tozudos: de cada diez pacientes de anorexia o bulimia, nueve son mujeres.
  • Baja autoestima. Considerarse a uno mismo como no apto para ciertas actividades.
  • Ser perfeccionista, y exigirse a uno mismo hasta el límite
  • Trabajar u moverse en ambientes que primen el aspecto físico: ser bailarín, o gimnasta, o modelo, por ejemplo.
  • Sentirse infeliz con su propio cuerpo.
  • Haber sufrido abusos en la niñez.
  • Tristeza, con incapacidad de asumir algún suceso grave.