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Gota y ácido úrico alto: síntomas, causas y qué alimentos evitar
Índice de contenidos
La gota
La gota es una enfermedad reumática causada por la acumulación de ácido úrico en las articulaciones. Se manifiesta con dolor muy intenso, hinchazón y enrojecimiento, especialmente en el dedo gordo del pie. Es más frecuente en hombres de entre 40 y 60 años, y se asocia a la obesidad, el sedentarismo y una dieta rica en purinas.
Es una enfermedad reumática conocida desde la antigüedad y también era considerada la enfermedad de la riqueza, porque se asocia a la obesidad y el sedentarismo.

Qué causa la gota
Esta enfermedad es consecuencia de unos niveles elevados de ácido úrico en la sangre y de su posterior depósito en las articulaciones. El ácido úrico es un producto de desecho que se suele expulsar a través de la orina. Conviene tener en cuenta que no todas las personas que tienen el ácido úrico elevado en la sangre van a tener ataques de gota.
Tipos de gota: primaria y secundaria
Gota primaria
Es la más frecuente y se presenta porque el organismo produce más ácido úrico o porque se elimina poca cantidad. Esta forma puede ser heredada.
Gota secundaria
Es debida a otras enfermedades o al consumo de ciertos medicamentos que disminuyen su expulsión por el riñón, como diuréticos o salicilatos, incluida la aspirina.
Qué síntomas produce
El período inicial se caracteriza por niveles elevados de ácido úrico en la sangre, o hiperuricemia asintomática. Lo más frecuente es que las personas que la padecen no presenten gota.
La primera articulación del dedo gordo del pie suele ser la más afectada y se denomina «podagra». Se caracteriza por un dolor muy intenso, hinchazón y enrojecimiento con calor. El ataque agudo suele durar una semana sin tratamiento. El ataque puede ser aislado, pero lo normal es que recurra.
Hay que resaltar que no siempre que se tiene inflamación del dedo gordo se debe a un ataque de gota.
Cuando esta enfermedad no se trata, con el tiempo el ácido úrico también se deposita en la piel formando depósitos denominados «tofos»: son nódulos que con frecuencia se encuentran en las orejas y los codos. En ocasiones pueden romperse y salir al exterior un material de color blanquecino que es el ácido úrico. También puede depositarse en los riñones y formar piedras o cálculos renales.
Factores de riesgo
Los ataques de gota se relacionan con ciertos factores como:
- El consumo de alcohol. Es muy importante saber que uno de los factores que más perjudica es el consumo de cerveza, incluso la cerveza sin alcohol
- La obesidad
- Los antecedentes familiares de esta enfermedad
- Las comidas con un contenido elevado de proteínas o purinas (porque se descomponen en ácido úrico), como las vísceras animales, la carne de caza, las sardinas y el marisco
- Diabetes
- Operaciones de cirugía mayor o grandes traumatismos
- Insuficiencia renal
- Enfermedades de la piel, como la psoriasis
Cómo se diagnostica
- El diagnóstico suele realizarse a partir de los síntomas
- El análisis de los niveles de ácido úrico en la sangre suele ayudar, así como las radiografías de las articulaciones afectadas
- La confirmación se realiza con la observación al microscopio de cristales de ácido úrico contenidos en el líquido de la articulación
Consejos para prevenir la gota: dieta aconsejada
Como norma general:
- Evita el consumo de alcohol. Como mucho, una copa de vino al día
- Pierde peso
- Bebe líquido en abundancia. Es recomendable beber hasta 3 litros de agua al día para ayudar a eliminar el ácido úrico en la orina y prevenir la formación de cálculos renales. Los ataques de gota y los cólicos de riñón son frecuentes en verano debido a la pérdida de agua por el sudor, por lo que debe forzarse la ingestión de líquidos durante los períodos calurosos
Aconsejados
- Aumenta el consumo de frutas y verduras. Las verduras de hoja verde son las más aconsejadas, pero se incluyen las alcachofas, la cebolla, la calabaza, el apio y la zanahoria. Por su parte, las frutas más adecuadas son las que contienen niveles elevados de vitamina C, como las naranjas o los kiwis
- Los lácteos son beneficiosos para bajar el ácido úrico, pero deben ser desnatados
- Carnes y pescados blancos, que contienen poca grasa
Desaconsejados
- Carnes rojas (vacuno y cerdo principalmente) y pescados azules (salmón, sardinas, caballa, etc.)
- Mariscos, incluyendo las ostras
- Reduce el consumo de legumbres
- Evita los alimentos ultraprocesados, por su alto contenido en fructosa
Qué pasa si la gota no se trata
La mayoría de los pacientes sufren recaídas. El segundo ataque puede producirse después de varios años, y los subsiguientes son cada vez más frecuentes, duran más y afectan a más articulaciones.
La enfermedad no tratada puede asociarse a cólicos nefríticos por cálculos renales, así como a hipertensión por afectación renal. El tratamiento al inicio de los síntomas generalmente controla la enfermedad.
Cómo se trata
En ausencia de gota o litiasis renal por cálculos de ácido úrico, la hiperuricemia se considera asintomática y no requiere tratamiento.
El tratamiento para la gota se puede dividir en los siguientes puntos:
Control del ataque agudo
Se utilizan medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (excepto salicilatos, incluida la aspirina), que son muy efectivos para aliviar el dolor y la inflamación. También se suele utilizar la colchicina, que reduce el número e intensidad de los ataques.
Control de los niveles de ácido úrico
Los fármacos más utilizados son el alopurinol y los medicamentos que ayudan a eliminar el ácido úrico en la orina (uricosúricos). Estos tratamientos suelen ser prolongados, a veces de por vida, como ocurre con la hipertensión o la diabetes.
Es muy importante tomar conciencia de que se debe cambiar el régimen de alimentación, perder peso, ingerir líquido en abundancia y evitar el alcohol.
Pronóstico de la gota
La gran mayoría de los pacientes con hiperuricemia no padecerán gota y no necesitarán ningún tratamiento farmacológico. De todas formas, hay que recordar que con el tratamiento correcto la enfermedad es curable.
El objetivo del tratamiento es controlar el ataque agudo y prevenir la cronicidad de la enfermedad, así como sus complicaciones.