Salud y medicina

¿Has perdido el olfato? Lee aquí cómo puedes recuperarlo

Durante una infección de las vías respiratorias superiores es habitual la pérdida temporal del olfato. El resfriado común, la gripe, las alergias y… el COVID-19 (aproximadamente en el 50% en esta última infección) tienen ese habitual síntoma. Lo normal es recuperarlo en pocas semanas, pero se dan casos de mayor duración de la pérdida.

El olfato es muy importante para la memoria, el humor y las emociones. Va parejo con el gusto en la percepción de los sabores, por lo que su pérdida afecta en muy gran medida la percepción de la comida. Y en algún caso extremo, como por ejemplo el de un escape de gas que no se huele, puede ser realmente peligroso.

Pero hay cosas que se pueden hacer para revertir esa anosmia, que es el nombre médico del trastorno.

Qué causa la pérdida del olfato

Las causas más comunes son las sinusitis crónicas, las rinitis y otros trastornos similares que inflaman la membrana mucosa (llamada epitelio olfatorio) que recubre el interior de la nariz. Estas enfermedades pueden causar la pérdida, pero tiende a recuperarse por sí misma.

Otra causa, más grave, es una disfunción en el trayecto entre la nariz y el cerebro, debida a un daño nervioso o cerebral, lo que puede resultar en la pérdida permanente del oído. Hay muchas enfermedades que provocan esa disfunción, como la enfermedad de Alzheimer, la esclerosis múltiple, el alcoholismo e incluso simplemente la edad.

No todos pierden por completo el olfato. Algunos siguen detectando algunos olores (hiposmia en términos médicos). Otros, ven distorsionado el olfato y por ejemplo un tazón de leche les huele a pescado (parosmia). Finalmente se dan casos de pacientes que huelen algo que no está a su alrededor: fantosmia.

La pérdida de olfato y el COVID-19

La pérdida del olfato es un síntoma prominente del COVID-19. El trastorno suele durar más que los provocados por otras infecciones de las vías aéreas superiores, y puede tardar hasta cuatro semanas en desaparecer. A menudo, los pacientes refieren pérdida del gusto, como consecuencia.

Se piensa que el virus no ataca directamente a los receptores olfativos, sino al área que los rodea. Se trabaja en la teoría de que el virus se introduce en las células de alrededor de los receptores olfativos, área que como consecuencia se inflama y los bloquea. Se piensa que esa es la causa de que la pérdida sea repentina.

Si esto es así, podría explicar también el hecho de que la pérdida sea un trastorno de duración relativamente corta. Pero se dan casos de pacientes con pérdidas que no se resuelven a largo plazo. Según algunos estudios, el virus se introduce en más profundas estructuras del cerebro, con un efecto pernicioso más ‘central’ en el proceso olfativo.

Los efectos de la pérdida del olfato

La pérdida puede tener un efecto serio en la calidad de vida. Además de los riesgos obvios –oler alimentos en mal estado, o detectar gas o humo– conlleva efectos emocionales y prácticos. En un estudio de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido, se encontró que casi todas las áreas de la vida se ven interferidas, desde la preocupación por la propia higiene hasta la pérdida de intimidad sexual con la pareja.

Aproximadamente dos tercios de los pacientes refirieron depresión o ansiedad como consecuencia. Entre los que sufrieron la pérdida a largo plazo, sobre una tercera parte reportó haber adelgazado por pérdida de interés en la comida; y, a la inversa, otra tercera parte engordó, porque salían a probar diferentes comidas con vistas a estimular el sentido perdido.

Muchas hablan de aislamiento por sentirse desconectados del ethos social referente a la comida. Puede también dificultar la relacion con los seres queridos, especialmente con la pareja. Algunos casos reportan incapacidad de mantener las relaciones sociales o establecer otras nuevas por la falta de la subconsciente conexión a través del olfato.

En la investigación, se encontraron casos como el los padres de niños pequeños que no podían saber cuándo había que cambiarles los pañales. O el de una madre, que encontró difícil establecer lazos afectivos con su recién nacido.

La pérdida también puede afectar la carrera profesional: la de la gente que usa el olfato como parte de su profesión, por ejemplo un sumiller. Los médicos, que pueden dejar pasar inadvertida una herida infectada. Los trabajadores sociales, que tendrán más problemas para saber si el paciente ha bebido demasiado.

Como comprobar el olfato

Si tienes alguna sospecha de estar perdiendo el olfato, utiliza cosas habituales para comprobarlo:

  • Hazte con cosas de olor pronunciado que tengas en casa, como café, ajo, cebollas o naranjas.
  • Sostén cada una de ellas cerca de la nariz (sin tocarla), e inhala.
  • No utilices productos que puedan ser irritantes, como limpiadores
  • Si tienes problemas para comprobar el olor de las cosas seleccionadas, puedes tener una pérdida del olfato o del gusto.

SI la pérdida es muy repentina, puedes estar en una fase temprana de la infección por COVID-19. En este caso, la recomendación es que te hagas un test de la infección y que te quedes en casa aislado durante al menos diez días.

Si no das positivo en el test o si la pérdida persiste después de haberte recuperado de la infección, habla con tu médico de familia para que, si él lo considera oportuno, te derive a un otorrino.

Cómo recuperar el olfato

La exposición repetida a olores -el entrenamiento olfatorio- ha demostrado ser beneficioso ante pérdidas de olfato, particularmente si la pérdida es debida a un virus, como el resfriado común. Se recomienda usar aromas de cuatro categorías: floral, afrutado, especiado y resinoso, pero no es sino una recomendación; en cualquier caso, algo con lo que estés familiarizado. Tradicionalmente se usa eucalipto, rosas, limón y clavo.

Se puede efectuar sujetando las fuentes de olor tal cual, o bien infundiéndolas en agua: los líquidos funcionan muy bien, porque en el interior de un frasco, se crea sobre la infusión un espacio vaporoso con moléculas que se pueden detectar más fácilmente durante el entrenamiento.

El entrenamiento olfatorio es un proceso simple que se lleva a cabo en unos pocos minutos, al menos dos veces al día.

Una vez preparados los aromas, la recomendación es oler cada uno de la siguiente manera:

  • Relájate y con calma y suavemente, inspira con naturalidad; hacerlo fuerte y profundamente te dificultará oler cualquier cosa.
  • Repite la operación 2 o 3 veces, y descansa cinco minutos.
  • Cambia de aroma y repite la operación
  • Apunta el resultado, con cualquier cambio que notes.

El período mínimo del entrenamiento olfatorio es de tres meses, pero depende de cada individuo. Un estudio comparó los resultados de dos grupos, uno que lo siguió 16 semanas y otro que lo siguió durante un año. Estos últimos tuvieron mejores resultados que los del período corto.

Es beneficioso también cambiar los aromas cada cuatro semanas, lo que se conoce como entrenamiento olfatorio modificado.

El entrenamiento se basa en la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro de reorganizarse tras un cambio o un daño. La estimulación puede lograr una renovación de los receptores. Es un ‘training’ similar al que siguen los expertos en perfumes, o los sumilleres, para captar las esencias. Aunque se recomienda hacerlo dos veces diarias, cuanto más frecuente se lleve a cabo es de esperar mejores resultados.