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El aneurisma de aorta

El término aneurisma proviene del vocablo griego anéyrysma y significa dilatación. Es un problema frecuente a medida que se envejece y afecta al 1-5% de la población, pero a más de 5% en los mayores de 60 años, máxime si se siguen hábitos poco saludables. Es cuatro veces más frecuente entre hombres que entre mujeres.

En medicina, se denomina aneurisma arterial a una dilatación, permanente y localizada, en un segmento de la pared de la arteria.

La aorta es la principal arteria del organismo. Discurre desde el corazón a través del tórax, por delante de la columna vertebral, y llega a la cavidad del abdomen, donde se bifurca, más allá de los riñones, en las dos arterias ilíacas.

Los aneurismas aórticos son dilataciones en segmentos de la aorta producidos, en la mayor parte de los casos, por el debilitamiento de la pared de la aorta lesionada por el proceso de la arteriosclerosis y sus complicaciones.

Cuándo hablamos de aneurisma aórtico

La arteria aorta sana tiene un calibre (diámetro) aproximado de 2 cm. La dilatación mayor de 4 cm de la aorta se considera significativa de aneurisma. Para los aneurismas cuyo diámetro es igual o superior a 6 cm está generalmente indicado el tratamiento quirúrgico, si bien en muchos casos se intervienen aneurismas con un tamaño a partir de 5 cm.

Por qué se producen

Los aneurismas más frecuentes en la práctica clínica se deben a ateriosclerosis Este proceso degenerativo erosiona las capas que forman la pared de la aorta, a partir de una lesión denominada placa ateriosclerótica, que puede sufrir fenómenos de ulceración y trombosis (la formación de un coágulo en un vaso sanguíneo), destruyendo los elementos de su capa media elástica. En este punto puede producirse un ensanchamiento progresivo que debido a la presión ejercida en la sangre ocasionaría a su vez una mayor tensión, creándose un círculo vicioso con dilatación progresiva y ocasionalmente rápida.

Este sería el caso de un aneurisma adquirido, pero los aneurismas también pueden tener un origen congénito, especialmente en el curso del síndrome de Marfan (un trastorno del tejido conectivo, que es el que separa, soporta y conecta los diferentes órganos) o asociado a otras alteraciones de la aorta desde el nacimiento, aunque también pueden ser traumáticos u de otro origen.

En la práctica clínica, los aneurismas se clasifican según su localización, en aneurismas de la aorta torácica y aneurismas de la aorta abdominal.

Aneurismas abdominales

La mayoría (hasta las tres cuartas partes) de los aneurismas aórticos debidos a ateriosclerosis se localizan en la aorta abdominal y especialmente entre las arterias renales y la bifurcación aórtica.

Aneurismas torácicos

Los aneurismas de la aorta torácica constituyen aproximadamente una cuarta parte de los aneurismas debidos a ateriosclerosis y pueden afectar cualquier segmento de esta aorta: segmento ascendente, el arco (o cayado) aórtico y su segmento descendente, que sigue a la aorta abdominal.

Por qué es importante detectarlos

Los aneurismas pequeños pueden no producir síntomas en la mayoría de los casos.

La importancia clínica de los aneurismas aórticos se centra en sus complicaciones. Entre un 70% y un 75% de los aneurismas aórticos se diagnostican en ausencia de síntomas, por azar, en el curso de una exploración abdominal o torácica; sin embargo, en ocasiones pueden comprimir alguna de las estructuras cercanas e incluso el propio aneurisma llega a separar las capas que forman la pared arterial aórtica y debido a la presión que se produce la pared de la aorta, avanza a través de esta pared. Este es el caso de la disección aórtica, o sea un desgarro de la aorta, la complicación más temida de los aneurismas, que puede ser mortal.

Así, el aneurisma progresaría disecando las capas de la aorta no afectadas, produciendo síntomas según su localización y eventualmente llegando incluso a producir una fisura, o romper la aorta (rotura del aneurisma disecante). Cuanto mayor es el tamaño de un aneurisma, mayor es su propensión a la disección.

Qué síntomas produce un aneurisma aórtico

Durante la evolución del aneurisma, no aparecen síntomas hasta que éste sufre complicaciones, básicamente compresión de órganos adyacentes, o bien su disección. Debido a la extensión de la aorta, los síntomas son extremadamente variables según se trate de aneurismas torácicos o abdominales. Asimismo, los síntomas pueden ser diferentes según la región de la aorta torácica o abdominal afectada.

La disección del aneurisma tiene como síntoma principal el dolor, definido como extremadamente intenso, que aparece en más del 90% de los casos. En la aorta torácica, el dolor por aneurisma disecante se caracteriza por su intensidad y aunque puede guardar semejanza con el del infarto de miocardio, suele ser mucho más insoportable y en ocasiones se desplaza, según avance por el trayecto de la aorta. Puede localizarse en la zona anterior del tórax y al mismo tiempo percibirse en la zona posterior, a veces en la región situada entre las escápulas. En el caso de los aneurismas abdominales, el dolor que ocasiona su rotura o expansión se localiza en la espalda, los flancos y el abdomen.

El aneurisma disecante de la aorta constituye una emergencia médica para evitar la rotura de la aorta. La mortalidad en el caso de rotura del aneurisma es muy elevada, incluso antes de que el paciente pueda llegar al centro hospitalario.

Cómo se diagnostican

Pueden diagnosticarse mediante una radiografía o por otras técnicas de imagen, como la ecografía abdominal, ecografía cardiaca que visualiza la aorta a través de una sonda emplazada en el esófago (ecocardiografía transesofágica), la resonancia magnética o la tomografía computarizada (TAC).

¿Se pueden prevenir?

La mayoría de aneurismas aórticos se presentan en personas con factores de riesgo de arteriosclerosis. La prevención de esta enfermedad comporta fundamentalmente:

  • Evitar el hábito de fumar
  • Regulación del aumento de la presión arterial (hipertensión)
  • Regulación de las cifras elevadas de colesterol (hipercolesterolemia)

Cómo se tratan

Los aneurismas de pequeño tamaño no precisan tratamiento. Se efectúan revisiones médicas regulares con objeto de detectar su crecimiento o complicación.

El objetivo del tratamiento es prevenir la rotura del aneurisma. El tratamiento clásico de los aneurismas aórticos es quirúrgico,

A la hora de decidir cuándo intervenir quirúrgicamente un aneurisma de la aorta torácica hay que sopesar el riesgo de la intervención en sí con que comporta la rotura de un aneurisma voluminoso. Ello es especialmente importante en el caso de personas de edad que ya sufren otras alteraciones vasculares o cardiacas.

La intervención quirúrgica está indicada si existe una expansión rápida y, sobre todo, cuando existen complicaciones agudas (como una fisura o incluso una disección), o afecta a órganos vitales. Asímismo, en los casos de síndrome de Marfán.

Existen dos técnicas quirúrgicas básicas para el tratamiento de un aneurisma.

  • La resección del aneurisma y su sustitución por un injerto de tejido sintético. Es una intervención seria y no exenta de riesgos, pero en la mayoría de los casos se logran resultados excelentes
  • Es cada vez más frecuente la reparación mediante la introducción de una endoprótesis, hecha de un material flexible, por la arteria femoral, mediante un catéter. La prótesis se despliega cuando se llega a la aorta, fortaleciendo la pared dañada.

Bibliografía

MedLine: Qué es un aneurisma de aorta
Hospital Clinic de Barcelona: Qué es un aneurisma